¿Anabaptistas mayormente en América?

—Jacinto Yoder

“¿Por qué nuestras iglesias anabaptistas mayormente se encuentran en el hemisferio occidental?”, me pregunté cuando abrí nuestro localizador de iglesias después de no visitarlo por un tiempo. Al acercar el mapa al hemisferio occidental, aprecié los muchos puntos rojos. 

Luego, al acercar el hemisferio oriental, noté pocos puntos rojos. “Hay algunos esfuerzos notables para establecer presencia anabaptista en Europa, Asia, África e incluso Australia, pero mayormente, ¡aun estas las han comenzado sus iglesias madres en América!” 

Al ver el panorama del mundo entero, quise ver la perspectiva desde lejos. Y más importante aun, me pregunté: “¿Qué piensa Dios al respecto?” Hay varios factores históricos que han traído estos resultados tan desbalanceados al anabaptismo. ¡Podemos aprender mucho de ellos!

La no-resistencia y la separación de la iglesia y el estado son doctrinas que están al centro del cristianismo verdadero desde que Jesús se dejó colgar de la cruz. En el siglo XVI, este estilo de vida puso a los anabaptistas en una “desventaja” al tratar de sobrevivir en medio de los gobiernos protestantes y católicos que gobernaban al mundo durante la reforma. En especial el hemisferio oriental fue gobernado por un sistema hostil hacia el cristianismo verdadero, lo cual causó mucha persecución hacia los que no empuñaban la espada. 

Cuando se abrió la exploración y colonización del Nuevo Mundo, por allá de los siglos XVI y XVII, había muchos cristianos indefensos que tomaron los barcos y navegaron el mar Atlántico hacia un destino donde se les había prometido libertad de culto. Esta oportunidad le dio un respiro muy importante al anabaptismo perseguido de Europa. Aunque muchos que cruzaron el mar no venían en busca de libertad religiosa, sí hubo una traslación masiva entre el cristianismo pacífico, entre los cuales se destacan los menonitas, los amish y los cuáqueros. Las iglesias anabaptistas que quedaron en el este poco a poco se conformaron a las peticiones de las potencias políticas de Europa, y hoy en día básicamente no se pueden distinguir del protestantismo. 

En el Nuevo Mundo, el estado de Pensilvania fue entregado a los cuáqueros por la corona británica, y muchos menonitas y amish se acercaron a los cuáqueros, ya que también eran pacifistas. Cuando llegó la revolución y las colonias americanas se independizaron de Inglaterra, los cuáqueros entregaron el control de Pensilvania, porque rehusaron ir a la guerra. Aún hoy en día se ve el efecto de esta historia en nuestro localizador de iglesias, y notamos que la gran mayoría de iglesias anabaptistas y grupos no resistentes se concentran en esta área.

Años después, los menonitas neerlandeses (del área donde vivió Menno Simons) huyeron de la persecución hacia lo que en aquel tiempo era parte de Rusia (el mismo lugar en el este de Ucrania donde en este 2025 se libra la guerra). Catalina la Grande, entonces zarina de Rusia, invitó a los menonitas holandeses no resistentes a establecerse allí. Durante años les fue garantizada la libertad de culto, pero cuando se levantó una guerra y se les pidió que tomaran armas para defender su país, escogieron mejor emigrar. Comenzando hace unos 150 años, la mayoría de estos ahora llamados “menonitas rusos” decidieron abandonar sus tierras fértiles y establecerse en el Nuevo Mundo. Muchos de los grupos se establecieron en Canadá, pero cuando allí se pasaron ciertas leyes de conscripción militar, temiendo un gobierno hostil al evangelio, colonias enteras se establecieron en México, Belice, Costa Rica, Bolivia, Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay. Los gobiernos occidentales les prometieron libertad de culto y cierta autonomía para sus colonias si residían entre ellos. 

Ni por cerca todos los emigrantes a América fueron no resistentes, pero en general, en parte por la influencia de estos grupos pacifistas, aún los gobiernos que se levantaron en el Nuevo Mundo permitieron libertad de culto. Francia (con su francés en Canadá y el Mississippi), Inglaterra (con su inglés en Estados Unidos), España (con el castellano en los países hispanos), Holanda (con su neerlandés en Surinam) y Portugal (con su portugués en Brasil) todos dejaron su huella en este Nuevo Mundo. Y mayormente se abrió puerta a la libertad de culto: el pensamiento que cualquiera debía poder escoger a qué religión pertenecer, sin represalias por parte de los gobiernos.

Fue grande el efecto de estos grupos pacifistas sobre los gobiernos nacientes de América.[1] Comenzando en América del Norte, pero extendiéndose hacia el sur, los gobiernos independizados rindieron libertad de culto a sus súbditos. Hasta este 2025, mayormente se permite la libertad de culto en todos los países del Hemisferio Occidental. Podemos agradecer a estos grupos no resistentes por su aporte a una libertad religiosa que hoy día nos permite adorar a Dios a como nosotros mejor nos parezca. 

Este efecto sobre los gobiernos “rebotó”, y aun en Europa y muchos otros países considerados occidentales ahora se ha celebrado la libertad de culto. Lo que pareció una tragedia para los cristianos en los siglos seguidos de la Reforma se tornó en victoria para el pueblo indefenso seguidor de Jesús. 

¿Qué hacemos nosotros hoy con nuestra libertad? ¿En verdad ha sido todo positivo? Sí debemos agradecer la libertad de culto, ya que podemos extendernos por estos países con pocas restricciones. Sin embargo, ahora hay otro mal que nos azota: la prosperidad. Nuestros antepasados de las iglesias anabaptistas se asombrarían al ver nuestra vida confortable y aun apóstata. Cuando la vida es fácil, nos damos cuenta de que es más difícil sobrevivir como pueblo. Muchos se enamoran de las enseñanzas del evangelio de la prosperidad promovido por las iglesias que también empuñan la espada, y la mayoría olvida el estilo de vida que se ha mantenido desde el principio del cristianismo, ejemplado por Jesús mismo y sus doce apóstoles, quienes entregaron sus vidas para extender el evangelio. 

Los primeros cristianos entregaron voluntariamente sus pertenencias y hogares para ayudar a otros, y para extender el evangelio. Ojalá que hoy tengamos esa misma fe, y que vivamos de esta misma manera en este mundo moderno. Esta fe en Jesús es la que vence al mundo, no con espada ni con ejército, sino con el Santo Espíritu en nuestra vida. El Espíritu toma fuerza especial cuando la persona desprecia su propia vida, como se describe en Apocalipsis 12:11: 

Y ellos le han vencido por medio de la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio de ellos, y menospreciaron sus vidas hasta la muerte (énfasis nuestro). 


 


[1] 500 años del anabautismo, un movimiento marcado por “la profunda convicción de seguir las enseñanzas de Jesús” - Protestante Digital

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