El costo de seguir a Jesús
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Yo era un niño pequeño cuando entregué mi corazón a Jesús y dediqué mi vida a su causa. ¿Entendía completamente lo que implicaba esa decisión? Creo que no. La verdad es que el costo inicial no me parecía muy alto. Mis padres eran personas piadosas que me enseñaron los caminos de Dios antes de que pudiera comprender quién era Dios.
Sin embargo, a medida que he crecido, he entendido mejor lo que significa seguir a Jesús. He hecho sacrificios por su causa y me comprometo diariamente a lo que él me pide. Acompáñame a examinar con mayor detalle lo que significa seguir a Jesús.
Primero, comencemos con las palabras de Jesús en Lucas 14:25-27.
"Grandes multitudes iban con él; y volviéndose, les dijo: Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas, y aun también su propia vida, no puede ser mi discípulo. Y el que no lleva su cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo".
¿Qué quiso decir Jesús con “aborrecer” a la familia y, finalmente, a nosotros mismos para ser sus discípulos? En este contexto, la palabra “aborrecer” podría traducirse como “amar menos”. Entendemos que Jesús enseña sobre el orden de prioridades. ¿Quién o qué es lo más importante en mi vida? Si quiero seguir a Jesús, él debe ser el primero y único; el Señor y Rey. Todos los demás, incluyendo (tal vez deba decir: “especialmente”) a mi propia persona, quedan en segundo lugar.
Este concepto es muy importante, así que vamos a examinarlo con más detalle.
Seguir a Jesús significa que necesito abandonar toda relación ilícita. Los compañeros de vida fuera del pacto de la santa unión matrimonial que Dios aprueba deben apartarse. Necesitamos arrepentirnos y abandonar la fornicación, el adulterio, la homosexualidad y cualquier otra relación fuera del plan de Dios. ¿Qué hay de los amigos que no valoran la vida piadosa? Por doloroso que sea, estas también son relaciones que necesitan cambiar. La persona que seriamente desea seguir a Jesús pondrá cierta distancia entre sí y cualquier otra persona que no lleve el mismo rumbo. Él sabe que estas amistades pueden poner en riesgo su entrega total a ser fiel a Jesús.
Seguir a Jesús significa que lo que él piensa es más importante para mí que lo que piensan los demás. ¿Vives a la sombra de tu familia? Quizá sepas que no aprobarían tu decisión de seguir a Jesús. Tal vez hasta se opondrían mucho a tu decisión. ¿Y si se burlaran de ti? ¿Qué harías en una reunión familiar? Tal vez te excluirían por completo de sus vidas. Quizá pierdas vínculos financieros importantes. Estas son posibilidades reales a las que Jesús se refería. Muchos han tenido que romper dolorosamente sus relaciones familiares por seguir a Jesús.
Seguir a Jesús significa estar dispuesto a decir “no” a lo que quiero si ello es contrario a lo que él quiere. En los versículos que ya leímos, Jesús se refirió a la negación de nuestra propia vida. Por lo natural tenemos deseos y ambiciones, muchos de los cuales podrían ser buenos. Dios nos creó con la capacidad de soñar y hacer planes. Con todo, ¿qué pasa cuando sentimos que Jesús nos lleva en otra dirección? ¿Estamos dispuestos a sacrificar lo visible y lo familiar por lo desconocido?
Además, existen esos deseos más bajos que sabemos que no son buenos. Nos acosan todos los días y los expulsamos de nuestra mente cada vez que surgen… o los dejamos… y pasamos tiempo fantaseando con cosas que claramente son malas. La pornografía entra en esta categoría del mal y se ha convertido en una enorme industria que atrapa a la humanidad.
Seguir a Jesús significa estar dispuesto a entregarme a la dirección de una mano invisible. Dios guía de muchas maneras: a través de su Palabra, de otras personas piadosas y de las circunstancias, pero la verdad es que, cuando comprometemos nuestra vida a Jesús, entregamos el control a otra voluntad. Ya no hacemos las cosas según nuestros propios criterios, sino que seguimos a Jesús.
Así que podemos hacernos muchas preguntas. ¿Qué tal si Jesús me guía por una situación difícil? ¿Y si no sé a dónde me va a llevar ni cómo resultará todo? ¿Qué tal si es peligroso? ¿Qué tal si…?
La gente del pasado enfrentó estas mismas dudas e inquietudes. Abraham no tenía ni idea de adónde Dios lo iba a guiar cuando fue llamado a abandonar la civilización y aventurarse a una tierra desconocida. Dios no le dio un mapa con un destino. Solo le pidió que saliera. Él no sabía que este llamado se convertiría en un cambio completo de estilo de vida al dejar la civilización para vivir en tiendas con su familia. No sabía que muchas de las promesas que el Todopoderoso le dio no se cumplirían durante su vida en la tierra. No sabía la profundidad ni el alcance del sacrificio cuando Dios se le apareció por primera vez y le dijo: “Vete de tu tierra y de tu parentela”. No lo sabía, pero obedeció las palabras del Todopoderoso.
Seguir a Jesús significa estar dispuesto a escuchar a las personas que él ha puesto en mi vida. En nuestros versículos temáticos, la palabra “discípulo” se usa varias veces. Estamos invitados a convertirnos en discípulos de Jesús. ¿Qué significa exactamente esto y cómo funciona?
Un discípulo es alguien que imita a un maestro. Tal vez podríamos usar la palabra “practicante” como un término moderno para identificar a un discípulo. En cualquier caso, la idea de ser discípulo implica que otras personas están implicadas. Jesús usa a las personas para enseñar a otras. Los padres son llamados a criar y enseñar a sus hijos los caminos de Dios. Los cristianos mayores, pastores, maestros de la Biblia y personas comunes y corrientes están llamados a dar ejemplo de vida a los demás.
Me maravillo de este plan. A primera vista, puede parecer muy defectuoso porque las personas tienen defectos. Sin embargo, este modelo obliga a las personas a aprender y enseñar. Requiere mucha humildad por parte del discípulo y del maestro; fomenta la comunidad y la responsabilidad. Ser discípulo de Jesús implica buscar un mentor piadoso y aprender de él. El mentor tendrá limitaciones y debilidades, pero es imperativo dejar el orgullo a un lado y volverse como un niño. Imita y sigue a esa persona mientras él sigue a Jesús.
No voy a insistir mucho más en este punto; sin embargo, necesitamos darnos cuenta de que, como personas del Occidente, valoramos el individualismo. Nuestra cultura idolatra a las personas únicas que se hacen a sí mismas. Sin embargo, ese no es el modelo que enseñó Jesús. Él caminaba, hablaba y enseñaba a sus discípulos, quienes a su vez enseñaban a sus discípulos, quienes a su vez enseñaban a los suyos… Jesús usa a las personas para enseñar a otras.
A estas alturas, tal vez te preguntes: “¿Vale la pena?” Si esa es tu reacción, me alegra que estés comprendiendo la magnitud del sacrificio que Jesús exige. Es necesario considerar el costo. A continuación, presento los versículos que siguen a los citados anteriormente.
"Porque ¿quién de vosotros, queriendo edificar una torre, no se sienta primero y calcula los gastos, a ver si tiene lo que necesita para acabarla? No sea que después que haya puesto el cimiento, y no pueda acabarla, todos los que lo vean comiencen a hacer burla de él, diciendo: Este hombre comenzó a edificar, y no pudo acabar. ¿O qué rey, al marchar a la guerra contra otro rey, no se sienta primero y considera si puede hacer frente con diez mil al que viene contra él con veinte mil? Y si no puede, cuando el otro está todavía lejos, le envía una embajada y le pide condiciones de paz. Así, pues, cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo" (Lucas 14:28-33).
Sí, vale la pena porque…
Jesús ya venció por nosotros. De alguna manera, ya ni nos toca calcular si podemos o no, o si vale la pena o no. Jesús ya venció al dragón y nos ofrece esa victoria si lo confesamos y seguimos por fe. Podemos vivir en esta realidad. ¡La victoria nos pertenece!
No podrás aferrarte a tu vida para siempre. Finalmente morirás y desaparecerás de las escenas de la historia. Jim Elliot, un joven que más tarde fue asesinado durante un intento de misión en Sudamérica, lo dijo así: “No es necio quien da lo que no puede retener para ganar lo que no puede perder”. ¿Por qué no rendirte a Jesús y seguirlo plenamente?
No es necio quien da lo que no puede retener para ganar lo que no puede perder.
Los que siguen a Jesús en esta vida encuentran una vida abundante. Esto es algo que he observado en otros y que yo mismo he experimentado. A veces me encuentro en una encrucijada en la que debo elegir entre yo y Jesús. Quizás se trate de elegir la pureza personal, de amar a mi esposa o de ayudar a los necesitados. Cuando elijo morir a mí mismo, aunque sea doloroso, encuentro una gloriosa “resurrección” que se manifiesta en gracia, gozo y satisfacción que superan con creces el placer humano.
Finalmente, está el futuro en la eternidad que debemos considerar. Nuestra vida es como un simple punto en la línea del tiempo de la historia. ¿Cómo podría acaso buscar el placer inmediato que pronto pasará y, al hacerlo, renunciar a las glorias futuras del cielo que durarán para siempre?
¡Acompáñame hoy en este camino! Sigamos a Jesús.