La inteligencia artificial y el cristiano
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—Jacinto Yoder
Con la explosión de la potencia de las plataformas de inteligencia artificial en los últimos años, nos preguntamos cada vez más qué debe ser nuestra respuesta a los estupendos avances que se están dando. Por un lado, pareciera que hay muchas cosas buenas que surgen de esto, aunque el cristiano perspicaz comprenderá que no todo lo que brilla es oro.
Las grandes potencias del mundo se encuentran en una carrera vertiginosa para avanzar en este territorio desconocido. Aunque saben que hay muchos peligros que enfrentar, siguen desarrollando la tecnología a velocidades espantosas, no porque no los vean, sino porque no quieren que otra entidad menos ética termine con el modelo más poderoso. Verdaderamente es una lucha por el dominio, y cada uno piensa que su modelo es el mejor.
Por un lado, las capacidades de computar y resumir grandes cantidades de información parecieran ser útiles para la ciencia. Con la IA, están hallando nuevas combinaciones químicas para crear materiales avanzados que no conocíamos antes. Hace poco, con la ayuda de la IA, generaron una nanoestructura que tiene la resistencia de los aceros al carbono y el peso de la espuma de poliestireno.[1] Esto cambiará significativamente los avances en los campos de las prótesis, la aviación, la exploración espacial, entre otros.
Muchos observan con gran interés el avance en la detección temprana y la cura de esa enfermedad tan letal: el cáncer. Con la IA[2] pueden realizar numerosas simulaciones en poco tiempo sobre los efectos de un tratamiento específico en determinados tumores. Se cree que dentro de poco podrán aplicar terapias personalizadas a muchos tipos de cáncer.
El multimillonario Elon Musk, dueño de la empresa Neuralink, que desarrolla implantes cerebrales revolucionarios, anunció hace poco que los avances prometen “milagros de la ciencia al nivel de Jesús”.[3] Parece que están cerca de devolverles la visión a los ciegos y de hacer caminar a los paralizados. Es verdaderamente una tecnología asombrosa, aunque también un tanto espeluznante, considerando que estas tecnologías podrían producir cíborgs, que hasta el momento, gracias a Dios, solo existen en las películas de ciencia ficción. También están los proponentes del transhumanismo, el pensamiento según el cual la vida del ser humano puede extenderse por la tecnología, logrando capacidades superhumanas y prolongándola por cientos de años.
Dejando a un lado las aplicaciones imaginarias de la tecnología del futuro, quizá lo que más nos impacta es que muchas herramientas de la IA han llegado a estar disponibles para la persona laica, lo que ha permitido que la persona común tenga acceso a información útil a una escala y con una disponibilidad asombrosa. El poder que sentimos puede enviciarnos. Con el ChatGPT en nuestro teléfono, es como tener al científico más diestro del mundo en nuestro bolsillo, listo para ayudarnos con lo más difícil. Si no sabemos cómo desarmar cierta pieza mecánica, si tenemos dudas sobre cualquier recomendación médica o si sencillamente queremos aprender un concepto nuevo, las respuestas están disponibles para la persona común a muy bajo costo. Si no tenemos tiempo para ver un video largo sobre un tema que nos interesa, con unos clics podemos generar un resumen breve.
Con el avance de la tecnología asequible a todos, se está viendo una explosión en la producción de productos y servicios, ya que lo que antes duraba días ahora se logra en minutos. Con estos avances, el ser humano es tentado a sentirse como un alumno de secundaria que siempre ha hecho los cálculos matemáticos a mano —y ahora le dan una calculadora—. ¡Uf, qué fácil! Queda la duda en cuanto a la dependencia. ¿Será que la vida de los alumnos de secundaria cambió con la calculadora? De hecho que sí. Los alumnos pueden concentrarse en los conceptos y principios matemáticos en lugar de pasar horas resolviendo los cálculos matemáticos a mano. ¿Habrá afectado esto la capacidad de razonamiento de los alumnos desde entonces? ¿Afectarán los datos fáciles nuestra capacidad de razonar hoy en día? Quizá ni siquiera podamos saber qué tan positivo o negativo es el efecto de estos avances en el corazón humano.
Hay segmentos enteros de la fuerza laboral que se están borrando, porque ahora no se necesitan secretarias para resumir la información de las reuniones ni diseñadores para crear reportes coloridos de QuickBooks. Ahora, con unos cuantos clics, se puede resumir la información de sus productos en una presentación de PowerPoint o en una imagen compuesta con los pasos a seguir, presentados de manera atractiva. Todo esto por un costo de unos $20 USD al mes.
Si estamos infatuados con la IA, ¿acaso se nos baja la admiración por Dios?
Por una parte, hay quienes lloran los segmentos laborales enteros que se están perdiendo. Por otra parte, se están abriendo cada vez más oportunidades para nuevos gremios, lo que exige una gran adaptación laboral. Nos damos cuenta de que el ser humano no se adapta fácilmente a estos cambios; por eso esperamos que esta reticencia al cambio genere cierta disrupción en el mercado laboral a mediano plazo. Los que se sienten positivos respecto a los avances afirman que, al fin, la producción subirá y habrá una era de abundancia para todos. Los luditas que resisten los avances tecnológicos pintan un panorama sombrío para el futuro. Ellos ven que todo esto termina en una distopía, un mundo en el que la máquina desplaza por completo al hombre.
Con todos estos avances a bajo costo, hay algo que sí es cierto. Los datos de las personas se están explotando. La realidad es que nosotros mismos terminamos siendo el producto que se vende. Cada desplazamiento se segmenta y se analiza, y cada clic se registra en algún servidor. Esto se reempaqueta y se nos devuelve. ¿De qué manera? ¡Nos devuelve lo que nosotros mismos queremos en un torrente adictivo! Supuestamente, busca entre todo el conocimiento humano de todos los siglos y nos devuelve lo que le parece útil para nosotros. La realidad es que los grandes motores de datos son mayormente predictores. Han llegado a ser demasiado buenos para predecir qué buscas y cuándo. No es inteligencia verdadera, ni mucho menos sabiduría celestial.

Los datos indican que el tomate es una fruta. La sabiduría nos dice que este se sirve con las verduras, no en una ensalada de frutas.
Hoy en día, los datos abundan y las posibilidades nos abruman. Sin embargo, lo que el mundo carece es de sabiduría. Todos sabemos cómo se hacen las cosas, pero estamos perdiendo la vista del porqué. A las máquinas hechas con manos humanistas no les interesa, o quizá se diseñaron para que no les interesara, que pensemos en la realidad de un Dios soberano.
No basta con hacer las cosas solo porque se pueden hacer. Hay que saber por qué se hacen para lograr resultados verdaderamente importantes. Hay innovaciones que valen la pena desarrollar, y otras que no. No seamos como el adolescente que pasa mucho tiempo aprendiendo a jugar “Gran Banco” y, cuando crece, se da cuenta de que el dinero era de juguete y que esta destreza le ayudó poco a prepararlo para la vida real.

Hay dos tipos de personas: las que usan la IA para aprender más rápido y las que la usan para no tener que aprender nunca.
Aunque se considera un problema, podemos aprender algo de los registros detallados que dejamos en línea. Así como nuestro historial de Google está registrado para siempre en un servidor “eterno”, esto solo hace eco de la verdad que Dios nos revela en el Apocalipsis: “Y los libros fueron abiertos”. En una escala mucho mayor y más precisa que la de Google, el cielo contiene los libros de registro de todo lo que ha sucedido en la tierra. Cada hecho y cada pensamiento están registrados. No tenemos cómo escapar de que algún día todo lo que yo haga será revelado. ¿Por qué no vivir en la luz desde hoy para no ser avergonzado en aquel día?
Como al principio del tiempo, en el huerto del Edén, vemos que Satanás nos ofrece “sabiduría” sin tomar en cuenta a Dios. Satanás trata de que nosotros dudemos de la Palabra de Dios. Durante toda una vida tendremos que estar alerta ante la tentación de conseguir lo que queremos. Los grandes motores de búsqueda y los titanes de la IA están intentando darle al ser humano lo que más quiere. Para el alma que no ha aprendido el dominio propio, esto es muy difícil de resistir. Esto es interesante, porque si en nuestro corazón estamos deseando lo malo, cada vez se hará más fácil hallarlo. La única manera de hacerle frente a todo esto es cambiar a nivel de corazón. Si nuestros deseos están sujetos a los de Dios, la atracción de las ofertas del mundo no podrá vencernos.
Tal vez algunos de los peligros más grandes se encuentran en la manera en que nuestros datos podrían usarse en nuestra contra algún día. Es obvio que los gobiernos están muy contentos con los datos que les proporcionamos, los desprevenidos plebeyos digitales. No es difícil imaginar un mundo terrible en el que un gobierno hostil a la cristiandad, por ejemplo, decida utilizar nuestra vida digital en nuestra contra. La verdad es que esto no sería nada nuevo. Todas las bestias (reinos políticos) registradas en Daniel y Apocalipsis se han destacado por sus ataques contra los creyentes verdaderos. Por más que nos prometan una utopía gloriosa en el futuro, la verdad es que no esperamos sino persecución y dificultades a manos de la serpiente, el enemigo de nuestro Señor Jesucristo.
Durante nuestro tiempo de exilio en esta Babilonia final, vivamos como Daniel. Aunque Daniel tenía a su disposición tecnología de punta y andaba entre personas perversas, decidió en su corazón no contaminarse. Podían pasarle los platos chisporroteantes de carne de cerdo frente a él, pero él tenía dominio propio y no comía. Tengamos nosotros este tipo de decisión en un mundo moralmente similar. Y cuando adoremos, asegurémonos de adorar al Dios verdadero y de no doblar nunca rodilla ante una ideología antibíblica. Mucho menos delante de una máquina artificial.
[1] https://www.popularmechanics.com/science/a63786292/ai-nanomaterial/
[2] https://www.nature.com/articles/s41698-026-01276-6
[3] https://spanish.christianpost.com/news/elon-musk-dice-que-empresa-de-implantes-cerebrales-neuralink-pronto-producira-milagros-de-la-ciencia-al-nivel-de-jesus.html