¿Cómo glorificamos a Dios con nuestro trabajo?
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—Welmer Salmerón
Hace unos meses, escuché que un hermano dijo en su sermón: “Nuestro trabajo debe traer gloria a Dios”. De inmediato surgió en mi mente la pregunta: “¿Cómo glorifico a Dios con mi trabajo?”
Esta puede ser una pregunta difícil de responder, especialmente cuando trabajamos en lugares donde el jefe no es cristiano y el entorno laboral se vuelve hostil para el creyente. Esta situación lleva a muchos a pensar que lo más importante del trabajo es el salario. Aunque la remuneración es parte de la motivación, no es el factor determinante para estar en paz ni para glorificar a Dios con facilidad.
Cuando nos encontramos en un ambiente laboral tóxico, es natural que no queramos permanecer allí mucho tiempo. Sin embargo, muchas veces es precisamente en los ambientes más difíciles donde Dios forja el carácter de sus hijos.
Al estudiar las palabras de Jesús cuando dijo: “En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos”, podemos preguntarnos: ¿cuánto fruto mostramos a nuestros compañeros de trabajo que no conocen a Jesús? O incluso a nuestros hermanos, en caso de que trabajemos con creyentes. Sin duda encontraremos que sí es posible glorificar a Dios con el esfuerzo laboral que realizamos cada día y también testificar que somos discípulos de Jesús.
Sin embargo, volvemos a la pregunta principal: ¿Cómo glorificamos a Dios con nuestro trabajo?
Quizá para algunos resulte más fácil cuando sirven a jefes cristianos. Sin embargo, la Biblia nos muestra que también podemos glorificar a Dios cuando trabajamos para un inconverso.
Todos los que están bajo el yugo de esclavitud, tengan a sus amos por dignos de todo honor, para que no sea blasfemado el nombre de Dios y la doctrina. Y los que tienen amos creyentes, no los tengan en menos por ser hermanos, sino sírvanles mejor, por cuanto son creyentes y amados los que se benefician de su buen servicio. Esto enseña y exhorta (1 Timoteo 6:1-2).
La Palabra de Dios nos enseña en 1 Timoteo 6:1-2 que quienes están bajo servidumbre deben tener a sus amos por dignos de todo honor, para que no se blasfeme el nombre de Dios ni su doctrina. Aunque el versículo no se refiere directamente a los jefes incrédulos, pensemos en el caso en que el jefe es incrédulo al igual que la mayoría de los empleados. Allí el cristiano tiene la gran oportunidad de testificar mediante el desempeño de su trabajo, de tal manera que no haya motivos para avergonzar el nombre de Dios, sus enseñanzas ni la iglesia misma.
Por otra parte, la Escritura también dice que los que tienen amos creyentes no deben tenerlos en menos por ser hermanos, sino servirles mejor, porque son creyentes y amados los que se benefician de su buen servicio.
¡Cuánta gloria trae a Dios cada vez que vamos a nuestro trabajo! No importa si nuestro jefe es cristiano o no; lo importante es aprovechar la oportunidad que Dios nos da para que él reciba toda la gloria.
Por tanto, pensemos en algunos frutos que glorifican a Dios y dan testimonio de que somos sus discípulos:
- ¿Soy fiel a mi horario de entrada o siempre soy el último en llegar?
- ¿Cumplo con responsabilidad las actividades que se me asignan?
- ¿Soy honesto al hablar siempre con la verdad, aunque implique asumir las consecuencias de mis errores?
- ¿Muestro integridad? (Es decir, hacer lo correcto, aunque nadie me vea).
- Al relacionarme con compañeros no cristianos, ¿muestro frutos de amor y sinceridad y comparto las buenas nuevas de Jesús?
- ¿Me mantengo al margen de las conversaciones que no edifican o participo al reírme de los chistes de doble sentido?
- ¿Me someto a la autoridad y le doy el lugar que corresponde?
- ¿Demuestro humildad al recibir elogios cuando hago bien las cosas, así como corrección cuando me equivoco?
¿Cuántos frutos más podríamos mencionar? Que el Espíritu Santo, nuestro consolador y guía, nos perfeccione para esta buena obra.
En lugar de quejarnos del trabajo que tenemos, pensemos que, si es la voluntad de Dios que estemos allí, también es porque él desea que, como sus hijos, le demos gloria en todo lo que hagamos.